El Blog del López de Ayala

‘El triángulo azul’ da voz a los españoles olvidados en los campos de concentración nazis

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En los campos de concentración nazis se les distinguía por el triángulo azul con la letra S de Spanier cosida. Por el de Mauthausen pasaron unos 7.000 españoles, de los que no más de 2.000 consiguieron sobrevivir. Fueron abandonados a su suerte y despojados de su nacionalidad porque Franco renegó de ellos y ningún gobierno se preocupó de si estaban vivos o muertos. Esos apátridas son los protagonistas de ‘El triángulo azul’, la obra escrita por Laila Ripoll y Mariano Llorente que Micomicón y el Centro Dramático Nacional llevarán el sábado 24 de octubre al 38 Festival de Teatro de Badajoz.

Dirigida por Laila Ripoll, está basada en hechos reales y narra el horror que vivieron los republicanos españoles en esos campos de concentración a partir de la historia de Francisco Boix y las fotografías que éste, con la colaboración de otros, consiguió sacar del campo y que sirvieron de pruebas incriminatorias en Nuremberg. ‘El triángulo azul’ es un homenaje a esos miles de españoles que dieron sus vidas por la libertad, asesinados por los nazis.

Una historia tan dura sólo se podía contar sobre el escenario con humor negro y con otros recursos, como la música, porque los españoles también llevaron la música a los campos de concentración. La obra, no sólo ha gustado al público y ha recibido el apoyo de historiadores implicados en este tema, como Rosa Toran, de la Amical de Mauthausen, el hispanista Ian Gibson o el historiador Benito Bermejo,  sino que ha recibido dos Premios Max -a la Mejor Autoría 2015 y Mejor Diseño Escénico 2015- y fue nominada al de Mejor Espectáculo del Año, además de otros reconocimientos y  galardones.

La idea de hacer esta obra se gestó hace tiempo, cuando hace doce años cayó en manos de sus autores el libro del historiador Benito Bermejo ‘Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen’ que contaba cómo un grupo de españoles que trabajaba en el laboratorio fotográfico urdieron la peripecia de sacar los negativos, “aunque la cifra es imprecisa debieron sacar un millar de negativos, y algunos positivos también”, explica Mariano Llorente, que además de ser coautor del texto representa a uno de los personajes, Brettmeier, en ‘El triángulo azul’. El tema les interesó mucho y en un determinado momento decidieron que había un argumento que tenían que contar.

Han conseguido recrear hechos y experiencias que se vivieron realmente en el campo de concentración y el resultado es un espectáculo muy intenso y muy rico dramáticamente.  “El espectador va a encontrar esta peripecia de sacar las fotografías, que es angustiosa porque es muy peligrosa, y por otro lado números musicales”, explica Llorente.

Chotis, zarzuela y habaneras

En la Navidad de 1942 los españoles consiguieron, por primera y única vez en la historia de los campos, autorización para representar teatro. Sabían que, para sobrevivir, no tenían más arma que su moral y su sentido del humor. No escogieron un gran texto, ni una tragedia universal. “Los deportados españoles del campo de Mauthausen representaron una revista musical de variedades llamada ‘El rajá de Rajaloya’ y como el libreto no se conserva decidimos incluir algunos números musicales basándonos en esa idea”, explica Llorente.

Así, los siete actores y tres músicos que componen el reparto, interpretan un chotis en el que hablan del crematorio y la cámara de gas,  una zarzuela que habla de la famosa escalera de 186 peldaños o de la cantera donde tanta gente murió, también cantan otra sobre  la alambrada electrificada y en un pasodoble se refieren a la gasificación.

“Esos números musicales interrumpen la acción dramática, a la manera de Brecht, y las  canciones suponen una especie de alivio, porque la música aligera, ameniza y rompe la tensión dramática, pero no es gracioso, sólo hace más digerible al espectador una historia como esta”, señala.

En muchos de los lugares donde se ha representado ‘El triángulo azul’ se han acercado nietos de personas que murieron en Mauthausen, que a través de esta obra están recordando o conociendo cosas que sucedieron allí “y están también recibiendo un homenaje a sus abuelos, a sus padres y a ellos mismos como descendientes, de una forma inteligente y conmovedora”, según Llorente.