El Blog del López de Ayala

Roberto Enríquez: “’El pequeño poni’ no da soluciones al acoso escolar, genera debate”

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Lo hemos visto metido en la piel de Fabio, el atractivo funcionario de la prisión de Cruz del Sur en la serie de Antena 3 televisión ‘Vis a vis’, anteriormente batiéndose el cobre como Viriato en ‘Hispania’ y muy recientemente en el teatro encarnando a Álvaro Mangiacavallo en ‘La rosa tatuada’. Ahora Roberto Enríquez se sube al escenario con ‘El pequeño poni’, una obra de Paco Bezerra dirigida por Luis Luque en la que representa a Javier, el padre de un niño víctima de acoso escolar, que estará en el 39 Festival de Teatro de Badajoz el martes 25 de octubre a las 21:00 horas. Le acompaña en el reparto María Adánez, que hace el papel de Irene, la madre.

‘El pequeño poni’ está inspirada en unos hechos reales que tuvieron lugar en Estados Unidos en el 2014 cuando a Grayson, un niño de nueve años de edad, tras sufrir varios ataques físicos y verbales, le fue prohibida la entrada al centro escolar en donde estudiaba por llevar una mochila de Mi pequeño pony. La dirección del colegio consideró “detonante de acoso” el hecho de que Grayson acudiera a clase acompañado de la mochila de sus dibujos animados favoritos, acusándole de haber provocado “disrupción en el aula”. A día de hoy, la escuela se defiende alegando que nunca tuvieron intención de agredir a Grayson, sino que fue una estrategia para detener el acoso. Un mes antes, otro chico de la misma edad, Michael Morones, tuvo serios problemas en la escuela llegándole a ocurrir algo muy parecido. También era seguidor de estos mismos dibujos animados.

-¿Qué descubre al público ‘El pequeño poni’?

-Esta obra es un motivo de reflexión, no es nada maniquea, se polariza en la postura del padre y de la madre ante el problema, que son completamente opuestas, y el espectador se puede posicionar en la postura de uno o de otro. Los propios argumentos y la propia postura de ellos va variando a medida que avanza la pieza y se va descubriendo que no todo era como aparentaba. No todo era blanco o negro. Obviamente quieren lo mejor para su hijo, pero la mayor agresión que recibe Luismi, el niño de la historia, es de parte de los padres. ‘El pequeño Poni’ no da soluciones, lo que hace son preguntas y genera debate. Da visibilidad a un hecho que durante muchos años hemos venido vertiendo eufemismos sobre él, decíamos “son cosas de niños…”, y ahora hay una especie de corriente que está dando visibilidad a los casos de acoso escolar y ya no se considera como cosas de niños sino que se considera algo grave porque las secuelas que deja a los niños que lo sufren son tremendas. Es también una obra de denuncia desde el momento que mostramos ese conflicto, lo ponemos encima del tapete y lo diseccionamos.

 

-En ‘El pequeño poni’ la madre antepone la seguridad del niño a otras cosas mientras que el padre defiende la libertad. ¿Quién gana, la seguridad o la libertad?

-Estas dos posturas que están representadas por estos dos personajes están contenidas en todos, todos estamos en esa lucha de la seguridad y la libertad, en nuestra pieza no gana ninguno porque los dos tienen razón, como dijo un niño de 10 años que vino a ver la obra, es que los dos tienen razón y ninguno la tiene. Lo fundamental es que teniendo los dos la razón y ninguno en un momento dado la pierden porque se olvidan de lo más importante, que es el niño, por defender lo que ellos creen que es lo mejor. No ganan ninguno de los dos y pierde el niño.

-¿Su condición de padre le ha llevado a vivir este problema de otra manera? ¿Teme que algo así les pueda ocurrir a sus hijos?

-Claro que te toca de una manera especial, porque la posibilidad de que esto pueda ocurrir es real, si no tienes hijos puedes empatizar con este tema porque además todos hemos sido niños y todos sabemos de lo que estamos hablando. Esto no forma parte del mundo de los niños, esto es el reflejo del mundo de los adultos, a cualquier persona esto le interesa porque en definitiva está hablando de nosotros mismos. Pero obviamente, cuando tienes un hijo esa posibilidad está ahí, aunque sean pequeños. Hay que estar muy vigilantes sin entrar en la paranoia. Cuando eres padre lo vives de una manera diferente y hay que estar alerta porque los casos de acoso escolar se han multiplicado exponencialmente y no me parece ninguna tontería.

-Tanto el autor como el director han ido dando forma a la historia a través de los actores. ¿Cuál ha sido su aportación?

-Cuando me propuso Luque esta obra ni siquiera estaba concluida, sólo estaba escrita la mitad de la pieza, y era tan brillante y tan maravillosa que era casi inevitable decir que sí. Los ensayos fueron en diferentes etapas. Mientras ensayábamos, Paco Bezerra seguía escribiendo la segunda parte y nos iba dando posibilidades de aportar, de ahí se creó un feedback con él. De alguna manera este working progress ha sido maravilloso porque hemos estado en la gestación de la pieza, sobre todo de la segunda parte, y eso ha sido muy interesante. Yo aporto mis impresiones y mi propia impronta.

-¿Este personaje le ha supuesto un cambio de registro importante?    

-No es la primera pieza que abordo en la que unos padres y un hijo tienen un problema. Salvando las distancias, aunque sí tienen cosas en común, hace tres años trabajé en ‘Málaga’, la obra del novelista y dramaturgo austriaco afincado en Alemania Lukas Bärfuss, en la que un matrimonio separado no tiene con quien dejar a la niña, por una serie de circunstancias determinadas tienen que salir y la canguro se pone enferma, todo ello genera un conflicto. No es que tenga que ver mucho con el acoso escolar pero no es ajeno este tipo de personaje a mi carrera. Intento que los personajes que hago sean diferentes unos de otros porque ahí está el atractivo, pero lo que fundamentalmente más me inclina a la hora de decidir es el proyecto en sí mismo, cómo está escrito, los personajes, lo que cuenta, y con quien, y en este caso todas estas cuestiones me seducían enormemente.

-¿Qué tal es trabajar con este equipo y reencontrarse de nuevo con María Adánez?

-Muy bien, han pasado muchos años desde que María y yo hicimos ‘Pepa y Pepe’ y trabajamos en ‘Ellas son así’, han pasado los años por los dos y ya somos adultos y nos hemos vuelto a encontrar y está siendo maravilloso. María está haciendo un trabajo muy hondo, muy interesante y muy personal. En el escenario vivimos los dos como una especie de simbiosis, el uno no puede vivir sin el otro, eso está siendo muy placentero. También la forma de trabajar con Luis Luque ha sido muy diferente y hemos estado dentro de la construcción de todo esto. Luis es un tipo muy humano, que le da mucho espacio a la persona, no sólo al actor, y te sientes enseguida arropado y muy querido, y eso te da muchas alas para poder sentirte creativo, y arriesgarte y probar cosas. Yo tenía unas circunstancias un poco complicadas de trabajo y se adaptaron completamente a mí porque quería que estuviera en este proyecto y es muy de agradecer. Me siento muy contento por todas partes, también por parte de la producción, es una producción de Faraute, de Celestino Aranda, y es muy elogiable que un productor privado defienda este tipo de textos y este tipo de mensajes, porque no es una comedia fácil y complaciente. Era muy arriesgado en este tiempo tan indolente donde todos estamos tan anestesiados generar una producción así. Me siento muy afortunado.

-¿Algún otro proyecto a la vista?

Me han ido saliendo unas cuantas cosas de imagen por el camino. Pero una gira, una familia y además televisión… es bastante complicado de compaginar. El año pasado fue para mí un año maravilloso porque tuve proyectos muy bonitos pero un poco asesinos. Estaba haciendo Vis a Vis mientras ensayaba ‘Mi pequeño poni’, luego empecé con los ensayos de ‘La rosa tatuada’ para el Centro Dramático Nacional, a la vez que mantenía los bolos de fines de semana con ‘El pequeño poni’. Me sedujeron tanto todos estos proyectos que dije a todo que sí, y aunque no me arrepiento fue un año duro. Este año mi máximo objetivo es disfrutar de la gira de ‘El pequeño poni’ y no empacharme con otras cosas. Tendré un poco más de tiempo para mí y para mi familia hasta junio, y luego ya me complicaré un poco más.